Mater durante la cuarentena. Capítulo XVIII.

  • 29/05/20 10:00
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Mater durante la cuarentena. Capítulo XVIII

Conchi: “Cuando me llamaron no me lo pensé dos veces, nadie se lo pensó, para eso estamos, ese es nuestro trabajo”

De izquierda a derecha: Raquel, Mary, Toñi y Conchi, que han trabajado en el módulo de aislados de la Residencia.

La semana pasada se desmontó la unidad de aislados de la Residencia. Después de repetir el test de Covid-19 y de comprobar que la salud de los chicos y chicas es buena han podido regresar a sus zonas, a las que para ellos son sus casas. Unos han regresado a la residencia de Costitx y otros a Basal y a TGD.

La unidad de aislados se montó en las aulas de Educación: cada clase se convirtió en la habitación de cada uno de los chicos. Habitaciones que, durante varias semanas y para prevenir contagios, se convirtieron en todo su mundo: dormían, comían, cenaban, jugaban, se divertían… Todo un mundo entre cuatro paredes por las que pasaban sus cuidadoras y también el personal de limpieza, todas ellas ataviadas con los equipos de protección necesarios y tomando todo tipo de precauciones con el objetivo de que estos chicos y chicas se encontraran bien.

Desde que se organizó el módulo de aislamiento un total de 16 residentes han pasado por él, algunos por haber dado positivo en Covid-19, otros por tener que guardar cuarentena y otros por presentar algún síntoma susceptible de desarrollar la enfermedad. Estos 16 chicos y chicas han sido atendidos y cuidados por Xisca, Conchi, Mari, Lupe, Consuelo, Gloria, Leo, Toñi y Zulema, trabajadoras de las diferentes áreas de nuestras Residencias y también de Salud que durante unas semanas han abandonado sus turnos y funciones rutinarias. “Cuando me llamaron no me lo pensé dos veces, nadie se lo pensó, para eso estamos, ese es nuestro trabajo”, confiesa, convencida, Conchi. Pero antes de que se incorporaran Conchi y sus compañeras fueron Zulema y Aída quienes se encargaban de los chicos y chicas trasladados al módulo de aislamiento.

 

Zulema Rodríguez, enfermera.

Zulema, enfermera de la organización, ha sido una de las responsables de todo el proceso, desde la creación de una residencia en aulas de colegio hasta la atención diaria de los chicos y chicas. Confiesa que ahora, con el módulo ya desmontado y todos los chicos en sus respectivas zonas, echa la vista atrás y recuerda la primera semana de confinamiento con angustia. “La primera semana fue muy intensa a todo nivel: físico, mental, emocional…” Tras conocerse el primer caso de un residente positivo en Covid-19 sintió que tenía que estar a su lado, con él y con todos los demás, y también sintió mucha incertidumbre “porque no sabíamos hasta qué nivel iba a afectarnos esta enfermedad”, confiesa. “Recuerdo que los primeros días era tan intenso que no sentía cansancio, ni sueño, ni hambre… Simplemente sabía que tenía que hacer una cosa tras otra”, recuerda. “Tenía que leer muchos protocolos… No había acabado de leer uno y ya había salido otro, se había actualizado. Temía saltarme una instrucción y quería hacerlo todo al 100% bien. Gracias también al Comité, que estuvo muy presente, con ellos estuvimos comunicándonos y coordinándonos de forma continua y gracias también a la intervención de ellos pudimos sacarlo adelante”, añade.

Después de una primera semana muy difícil llegaron otras más tranquilas. “Durante la segunda semana, a las compañeras que vinieron a apoyarme con los positivos les pedí que les transmitiéramos mucha alegría, mucho cariño… Y ellas pues lo dieron todo… Son un ejemplo de mujeres”, detalla Zulema.

En este mismo sentido se pronuncia Patricia Cornide, miembro del Comité de Crisis creado para gestionar la crisis sanitaria: “Los primeros momentos fueron muy duros, tuvimos que organizar muchas cosas y hacerlo desde casa es muy complicado. Zulema era nuestros ojos y nuestros brazos, nosotros establecíamos los protocolos y ella se ocupaba de ponerlos en práctica y como siempre lo hacía con la humanidad que le caracteriza, pensando en todo momento en lo que era mejor para los chicos. Todo el personal se ha volcado en hacer que los chicos estén lo mejor posible teniendo en cuenta la situación… Pedro, Agustín e Isidro también son un claro ejemplo de ello, convirtiendo unas aulas en habitaciones con todo lo necesario: televisión, música…"

 

La vida de los residentes aislados

El principal objetivo de estas nueve trabajadoras era, y sigue siendo, velar por el bienestar de los residentes, y en esta nueva realidad protagonizada por la pandemia del coronavirus esto se traduce en llevar a cabo todos los protocolos de higiene y salud marcados pero también en trasmitir positividad y hacer que los chicos y chicas pasaran un buen rato. “Según el estado de salud y el ánimo de los residententes las monitoras decidían qué actividades eran las más adecuadas para que lo pasaran bien”, explica Raquel, su coordinadora. “Hemos jugado a peluquerías, a tatuadores, hemos pintado… Les poníamos música, bailábamos…” detalla Mary. “Pasábamos un ratito con cada uno de ellos jugando en la habitación, a la pelota, les poníamos la TV”, prosigue. “Afortunadamente los chicos y chicas en aislamiento tenían unas condiciones muy agradables, eso les ayudaba mucho”, explica Conchi, a lo que añade que una de las cosas que más le ha impresionado ha sido ver “lo que ellos pueden llegar a superar, se adaptan a todo”.

 

Simón Guarí, disfrazado.

Durante la actividad de tatuajes.

Mary, por ejemplo, explica que ella no conocía a todos los chicos y chicas pero después de este tiempo trabajando en turnos de 12 horas los ha llegado a conocer mucho: “Sabes qué les gusta, qué les puede molestar… Y eso es clave. Al estar tantas horas los llegamos a conocer muy bien y ya sabes qué hacer con ellos, por ejemplo, qué postres les gustan más”. “Nuestro objetivo era transmitirles mucha alegría y cariño. Las duchas eran como una discoteca, era cuando les poníamos la música a tope, a ellos les encantaba…”, concluye Zulema.

 

Un grupo de Whatsapp con mucha vida

Las trabajadoras del módulo de aislados crearon un grupo de Whatsapp para coordinarse: “Estábamos muy pendientes del Whatsapp a todas horas” dice Mary, a lo que Conchi explica que incluso cuando su turno había finalizado y estaban ya en casa consultaban el móvil para estar al tanto de las novedades. “Aplaudíamos al saber que seguían bien”, confiesa, aunque también es verdad que siempre tenían “ese miedito de que se pusieran mal”, añade. El grupo también les ha servido para compartir bromas y mejorar el humor cuando ha sido necesario y ahora que está en silencio porque los chicos están sanos nos aseguran que se sienten un poco vacías.

 

EPIs que hacen más complejo el trabajo

Las medidas de protección e higiene han sido tan importantes como la atención y monitorización continuas de los residentes. Para ello las limpiadoras desinfectaban sus habitaciones a diario y las personas de atención directa debían llevar Equipos de Protección Individual (EPIs) diferentes según en qué zona del módulo se encontraban. En este sentido, Raquel, la coordinadora, destaca la implicación de Patricia Cornide del Comité de Crisis porque “siempre ha estado pendiente y nos ha facilitado todos los protocolos e indicaciones necesarias”.

 

Con los EPIs a punto.

En la unidad de aislados había personas que habían dado positivo en Covid-19 pero también había otros en cuarentena o con síntomas. “Para entrar en la habitación de un chico con Covid-19 llevabas un traje. Luego para ir a la zona de aislados sin Covid tenías que cambiarte enteramente de ropa y desinfectarte”, eso es quizá, lo más engorroso que han vivido estos días. Toñi, auxiliar de enfermería, nos detalla que el traje “da bastante calor y se suda mucho, la mascarilla se humedece y los lentes se empañan, pero no queda más remedio que acostumbrarse, es la única manera de protegernos y proteger a los usuarios”.

Los chicos y chicas rápidamente se acostumbraron a ver llegar a sus monitoras con los EPIs sobre todo porque “ya nos conocían y cuando entrábamos, bailábamos”, explica Conchi. Gracias a la música y al buen humor de estas chicas, la preocupación se desvanecía rápidamente.

 

En un momento de descanso.

Un equipo ejemplar

Sobre el ambiente de trabajo Raquel lo tiene claro: “Lo que puedo destacar es que ha sido un grupo de trabajo ejemplar. Han puesto todo el corazón y esfuerzo en hacer bien su trabajo y tener a los chicos lo mejor posible. Además, han transmitido constantemente buen rollo y un gran sentido del humor para afrontar las adversidades que se les han puesto delante. Han sido muy colaboradoras en todo lo que se les planteaba, siempre dispuestas a ayudar”, prosigue.

“Me siento muy orgullosas de ellas y de tenerlas como compañeras de trabajo”, confiesa. Y el sentimiento es compartido. Mary, por ejemplo explica que ella no conocía a todas las compañeras, pero eso no ha sido ningún inconveniente. “Hemos hecho un grupito bueno, hemos tenido nuestros ratitos de humor, nos reíamos… Ha sido muy bonito”, a lo que añade que han estado muy bien coordinadas: “Cualquier cosa que necesitábamos la teníamos”. Conchi se expresa en el mismo sentido: “Ha sido un equipo tan bonito, tan cohesionado, tan unido… todas mis compañeras son fantásticas. He aprendido mucho de Zulema, es un amor, esa dulzura y esa calma que transmite…” y Toñi también tiene elogios: “el personal que ha estado atendiendo a los usuarios de la zona de aislamiento ha formado un equipo de trabajo inmejorable, ¡son unas grandísimas profesionales y mejores personas!”

Patricia Cornide, trabajando desde casa.

Además de este grupo de atención directa tan cohesionado todas las personas implicadas también indirectamente con el módulo de aislamiento se han portado de maravilla, explica Zulema, quien destaca el trabajo de Patricia, de Comité de Crisis, siempre pendiente; o de los responsables de cocina, que se esforzaron en hacer recetas agradables y saludables acompañadas por los postres favoritos de los chicos y chicas siempre que se podía. “No puedo olvidar a María Sagrario y a Margarita”, añade Zulema “que nos hacían llegar frutas, bombones… ¡A la hora que fuera!”. También hay que destacar el apoyo recibido por parte de los doctores Verd y Marisa, quienes visitaban a los residentes periódicamente, o de la coordinadora del Centro de Salud de Son Gotleu, que solucionó muchos procedimientos.

Patricia Cornide, en nombre del Comité de Crisis, también felicita al equipo que ha estado al frente de la zona de aislamiento: “Por su predisposición, por su alegría, por sus ganas de que todo funcione y por hacer fácil una situación complicada y nueva para todos”. Patricia, además, confiesa que una de las cosas que le hace sentir más ogullosa de trabajar en Mater la calidad humana de las personas que lo forman “y en esta situación muchas lo habéis demostrado”, concluye.

Los mensajes de apoyo por parte del personal de Mater, de familias y de amistades también ha sido crucial para mantener los ánimos durante estas semanas: “Yo muchos mensajes no los he podido contestar pero ellas están ahí, dándome ánimos”, nos explica Zulema, quien no sabe todavía cómo devolver todas las muestras de agradecimiento recibidas.

Situaciones que te hacen crecer como persona

Para estas grandísimas profesionales la experiencia en la zona de aislados marcará un antes y un después. “Estas situaciones te cambian. Eres otra persona”. Aunque siempre mantenían el buen humor había momentos tristes, en los que pasaban miedo. Conchi explica que ella los sufrió algunas veces “cuando iba hacia casa, pero después, al día siguiente, regresaba como nueva, con ilusión especial y con fuerza interior como para comerme el mundo”. Mary se pronuncia en el mismo sentido, explica que mientras trabajaba no le daba tiempo a pensar y que ha vivido una “experiencia muy bonita, una situación con muchos miedos”, que por otro lado, siente hasta pena de que acabe. Zulema explica que ella se ha quedado impresionada con la reacción de su cuerpo en esta situación: “No sentía ni sueño, ni cansancio, ni hambre”.

Toñi, en su casa.

Toñi pasó las primeras semanas al margen, estuvo en cuarentena por presentar síntomas y el tiempo que transcurrió entre que se recuperó y le hicieron el test se le hizo muy largo. “Quería y necesitaba cuanto antes volver al trabajo”, explica, y lo que creo que he aprendido (aunque espero no tener que volver a estar en esta situación) es que si se trabaja con ganas, con ilusión, en equipo y remando todos en la misma dirección es difícil que ningún virus pueda vencernos”, añade.

“Yo no me imaginaba que tuviera esta fuerza, este coraje”, explica Conchi sorprendida de sí misma. A lo que añade que si hay que volver a aislar a residentes cuenten con ella. “Espero que no vuelva a pasar, pero si sucede ahí estoy otra vez, ha sido algo especial”, concluye. Zulema, por su parte, nos explica: “De toda esta experiencia tan dura… la resumiría así: nuestros chicos irradian amor, y es inevitable no quererles, no darlo todo por ellos”.